Daft PunkLlevaba dos pinches horas esperando. De las más desesperantes, preocupantes y fumadoras que he tenido (supongo que así me veré cuando se acerque la hora de tener un hijo [esperemos que no {que no tenga un hijo}]). Mientras tanto, le di unas cuatro vueltas a los puestos de playeras, sin decidir cuál comprar. En la última vuelta (como vieja en Liverpool / Coppel / Palacio de Hierro / Tianguis del jueves en Tulancingo) escogí la primera que me había gustado (letras rojas, semi-brillantes, siluetas robóticas en la parte posterior, sencilla pero clara).

 

¡Y por fin llegaron! Mi sonrisa no pudo ser más grande (al menos no más grande que el coraje que traía en las tripas). Me marcaron e intercambiamos una serie de ¿dónde estás? Encontré a Ricardo y, con una cara muy seria, me dijo: “wey ya valimos madre, no puedo recoger los boletos”. El color de mi cara se tornó entre rojo odio y verde nausea. Eso dio pie a que Ricardo comenzara a cagarse de la risa (mi color cambió a morado “te-voy-a-partir-tu-madre-hidepú”). Encontramos a sus hermanos. Ricardo tuvo que hacer malabares para colocar un lente de contacto (su hermano no sabía cómo ponérselo) mientras  yo me desesperaba otro poquito. El hambre los invadió (en ese momento mi destino y propósito de vida se reducía a lograr que tres falconcitos se decidieran a entrar [cosa que no logré yo, sino Muriel] a mí la comida me valía pura madre) y nos acercamos a un vendedor de tacos de canasta bicicletera y tragamos como Dios manda: en la calle, parados y sin qué tomar (al menos así lo manda el Dios de mi pueblo que, para ser franco, no es ni muy conocido ni muy respetado).

 

Por fin entramos al recinto que pronto sería bendecido por los robóticos beats. Hicimos la parada de rigor en los baños (evitándonos así las desagradables y bochornosas interrupciones). Nos adueñamos de los asientos y  reanudamos la más difícil labor de un fan: esperar.

 

En el escenario había algunos  instrumentos y grandes cortinas negras que cubrían todo. Comenzó la especulación: ¿traerán la pirámide? ¿qué pirámide? (aquí la especulación fue interrumpida por un bello momento de violencia colectiva [supongo]) ¿ habrán hecho su pirámide aquí en México, como Justice? No mames, eso era una pinche crucecita pitera con una lámpara, esto es una pirámide. ¿Con más lámparas? (aquí más bien hubo ignorancia, porque ninguno de nosotros sabía que chingados sucedía en un concierto de Daft Punk y yo, la verdá, no me quise chutar ningún videíto o cancioncita de conciertos anteriores para disfrutar mejor la sorpresa.

 

De pronto sale Sussie cuatro. Tocaron varias rolitas y prendieron al público. A mí la verdá no tanto (y es un grupo que me gusta mucho) porque tenía más nervios y expectativa que otra cosa. Es como cuando ganas algo, como cuando estás en un gran evento donde eres el invitado de honor y vas a decir palabras importantes que cambiarían el curso de la humanidad, o como cuando vas a coger por primera vez. El nervio estaba muy cabrón (al menos en mí).

 

Terminaron, agradecieron e “introdujeron” a Daft Punk. Sólo que Daft Punk salió media hora después. Media hora en que subía gente al escenario y veías las cortinas moverse. Esa parte fue muy extraña porque yo sólo podía hacer tres cosas: 1) mirar, embelesado, como quitaban pacientemente las putas (putísimas) cortinas 2) decir “ya chingadamadre que salgan” y 3) mirar la pantalla que en ocasiones enfocaba lindas chicas y en otras a weyes con disfraces “originales”.

 

Quitaron las cortinas que cubrían los lados y yo sólo veía plataformas y extraños artefactos de metal. Poco a poco fueron descubriendo el magnífico escenario. La pantalla, la pirámide y una telaraña geométrica (en palabras de Issa). Las luces se hicieron menos y momentos después las siluetas robóticas llegaron al centro de la pirámide. Los gritos eran como mi emoción: excesivamente intensos.

 

Unos acordes extraños (ya después me enteré que es de encuentros cercanos o algo así [que por cierto no vienen en el Alive 2007]) se escucharon. Un repetitivo y ascendente “human-robot” se escuchaba y ahí dio comienzo una de las mejores noches de mi vida.

 

La timidez de mis piernas fue destrozada por unas impresionantes ganas de bailar. Los sonidos eran mucho más estilizados, como si las canciones hubieran sido mezcladas para enfatizar momentos clave en canciones y también para demostrar cómo cada disco que ha creado Daft Punk se puede intersectar perfectamente con cualquier otro.

 

Cuando tenía algún momento de descanso pensaba “Lo mejor ya pasó ese fue el clímax”. Qué ingenuo (por no decir pendejo) era. La música y las secuencias visuales nos iban guiando hacia el ascenso (¿cielo, nirvana robótico?).

 

Las luces y las imágenes al principio muy básicas. Colores primarios en la pirámide. Luego la letra de Technologic en la pantalla posterior (gigantescas letras rojas que en un momento sólo transmitían el “fuck it” en la voz de Peaches [creo]). Conforme el concierto avanzaba nuestras sorpresas eran mayores: los colores se multiplicaban y aparecían en sincronía perfecta con la música. Esos mismos colores se convirtieron en figuras geométricas, las figuras geométricas en formas con dimensión, las formas en múltiples y fantásticos escenarios. Luego la pirámide fue poblada por fotografías humanas y al final animaciones tridimensionales del interior humano.

 

La música también evolucionó a lo largo de los discos de Daft Punk, pero con beats más bailables, fuertes y sobre todo contundentes. Hubo grandes momentos donde tarareamos el grandioso “ueeeiiii” de Crescendolls, donde coreamos Too Long, Around the world, Face to Face y sobre todo One more time (en ese momento la euforia colectiva era gigantesca y el baile ya más que una expresión o un gusto, era una necesidad). The Prime Time of your Life seguía elevándonos hasta llegar a un Da Funk que dejaba muy clara la atemporalidad de cada disco de Daft Punk. Ninguna canción se escuchó vieja o con tintes melancólicos del tipo “qué buena rola fue”. Al contrario; la música se escuchaba fresca e imponente.

 

Las barreras sociales/culturales/económicas valieron completamente madre. El público se convirtió en una grandiosa comunidad que, paradójicamente, disfrutaba de una manera más introspectiva el concierto.

 

Llevábamos más de una hora bailando y gozando cuando hubo una pausa y los robots bajaron de la pirámide. Los gritos y los llamados a Daft Punk inundaron el Palacio por unos cinco minutos ininterrumpidos y oscuros. Estábamos extenuados, derretidos, secos pero queríamos más.

 

Y regresaron. Y dieron un grandioso final.

 

Human After All, comenzó de nuevo en una nueva variante, el sonido más grueso, más fuerte. De pronto los coros de One more time y las secuencias de Music sounds better with you (cada una por su parte) crearon una escena mucho más atractiva que era acompañada por Together al fondo. El mensaje más claro no pudo ser: We are gonna celebrate… together… one more time. Una línea roja aparece en la pantalla y todo el escenario oscurece. La línea recorre la pantalla y viaja hacia la teleraña que también es recorrida, llega a la pirámide y toca cada esquina y borde mientras se va acercando a los ocupantes de la pirámide. En el momento en que llega a ellos todo oscurece y al siguiente instante ellos se convierten en la única luz. Literalmente, ellos se convirtieron en la única luz. Los contornos de sus trajes y cascos emanaban la única luz en el escenario (la única que necesitábamos).

 

Terminaron y como si no estuviéramos satisfechos ya, cuando nos dieron la espalda, al salir, todo oscureció de nuevo y sólo quedó el incandescente logotipo de Daft Punk en la chamarra de cada integrante. Ellos iluminando de nuevo.

 

Salimos y todo el mundo abarrotó los puestos de playeras y souvenirs buscando un objeto para mantener el recuerdo en una forma material. Yo tuve que regresarme a un hospital donde estaba mi enfermísimo primo (casi mortal el pedo). Mi familia sudaba/transpiraba/hedía preocupación y los doctores nos miraban con una solemnidad y una depresión infame. Era un momento difícil y triste pero la verdad es que yo no me podía quitar la sonrisa de la boca.

si puede, dígalo con groserías