Todo por metiche

Hace casi seis años, cuando concebí en mi mente (loca, llena de escarabajos y gusto por la pornografía) que la carrera ideal (por no decir la que más se ajustaba a mi creciente afán por el interné y… la pornografía) sería la computología, me ideaba un porvenir como investigador de nuevas tecnologías, como precursor de movimientos tecnológicos que hicieran un cambio en la vida de los demás, como innovador en las ramas más nuevas o incluso algo más azotado como un creador de paradigmas del pensamiento o simplemente como webmaster de un sitio porno. Pero no, resulta que recién he terminado la carrera (sí, que me he tardado un poco, pero eso en su momento será explicado) y todo parece indicar que más bien estudie para dar “soporte técnico personalizado”. Algo así como que mi estudio estaba encaminado a otorgarme el título de Ingeniero en Soportología y Ciencias Aplicadas a la Ignorancia con especialidad en Paciencia (ISCAIP). Algo así como el Astrólogo y Santero de las compus.

Cuando comencé con las materias, la vida se miraba fácil, llena de ilusiones y esperanzas. Me fijé objetivos, me visualicé en 1, 3, 5 y 13 años (ah cabrón, puros números primos), hice mi plan de vida y carrera, pensé en ser emprendedor y tener la consultoría non plus ultra o sea, todas esas mamadas pendejas que mi escuela dicta como obligatorias para una vida llena de éxito y felicidad. Y en ese tiempo yo era feliz (en la medida de lo posible), tragaba como cerdo (bue… que lo sigo haciendo, pero ya con un poco más de culpa) y tomaba alcohol prolíficamente (lo que quiera que eso signifique).

Llegó el momento en que comencé a conocer más profundamente a mi amada herramienta (la computadora, que a la otra la conocía mucho tiempo atrás) y aprendí que CTRL + N pone negritas, CTRL + I pone itálicas y cosas así de espeluznantes y mamonas que Word tiene y sobre todo, cosas que no todo pendejo que tiene una compu (o laptop, que por estos rumbos así es de mamona la cosa) sabe. Poco a poco evolucioné y evolucioné. Mientras el resto seguía jugando con el solitario, yo mataba pelajustanes de mi calaña (por red, o sea, cada quién en su compu, todos conectados, jugando al mismo tiempo) con Unreal. Avanzaba en la teoría de lenguajes, que C, que Java, que Scheme, que Prolog, que SQL y así. Avanzaba con la redes, que los routers, que los protocolos, que un proyecto de sockets. Avanzaba con las metodologías, que UML, que la calidad, que Six Sigma. Y así podría seguir, pero será mejor que vean mi plan de estudios, total no es la intención (ni de este blog, ni de este texto) promocionar nada.

Hasta que hubo un momento en el que mi ego (mi puto ego, de él es toda la culpa) quiso demostrar que sabía más, mucho más. Entonces cuando veía a un pendejo en problemas (o un amigo o un familiar o un cuate o un compañero de trabajo o una amante, que hay que distinguir, porque aunque pueden estar pendejos no son pendejos cualquiera) sentía la necesidad eclesiástica de evangelizarlo y guiarlo hacia la fuerza. Comencé con tonterías como: No wey, no, no está corrupto el archivo, lo que pasa es que no puedes reproducir un archivo .MOV con Powerpoint, tienes que bajar el Quicktime. Entiende, es una película, no una presentación. Terminaba el día y pensaba en lo bueno que era y en mi granito de arena por hacer de este un mundo mejor.

Pero no me percate que ayudar a alguien era equivalente a ser contratado como “Soporte Técnico” por el resto de mi vida. Exagero, aún no termina el resto de mi vida, pero mira que hay gente que “vive” a 1000 kms de distancia y sólo me llama o me escribe para solicitar ayuda, vamos, ni el saludo merezco. Soy maltratado ¡snif!. O sea, para no hacer esto más largo y culero, ayudé a X persona en un problema P. El problema se solucionó, pero la cosa no quedó ahí, a X le salieron más problemas que si el disco duro, que si el monitor, que si un programa de Finanzas, total que hasta tareas de Ética en algún momento me pidieron hacer; P se elevó a la N y a mí me andaban ensartando esa P^N a cada rato y pues eso nomás no me late. Y como yo era el buena onda, el Gurú, pues no podía dejarlos en la sombra. Y así hasta que hubo días en que por messenger me pedían ayuda con las hojas de estilo de un sitio, en el departamento me buscaban por asesoría para resolver una ecuación cuadrática en excel y por mail me habían escrito para “asegurar los archivos de una computadora”, todo en un lapso no mayor a 5 minutos (asumadre… sí que leo rápido), mi labor de ayuda se veía ensombrecida… o uno u otro. Aunque no podía dejar que mi eficacia se viera redimida, debía hacer los tres al mismo tiempo. Modifica el archivo style.css, cambia de lugar los coeficientes, busca hacer un md5 para encriptar, encripta el css, busca el archivo de las incógnitas, modifica los permisos para que puedas agregar los estilos ¿cuáles estilos? los de la x cuadrada. No pude. Exploté, ese día caí en coma (bue… más que coma fueron puntos suspensivos… ¿eso dónde lo leí?).

Entonces existió un momento místico, lleno de extrañas emociones, emociones nuevas para mí. Comencé a darme cuenta lo que significa el odio (cabe aclarar que mi relación con este no sólo tiene su causa en esto de las computadoras, sino con otro sinfin de madres, pero a su tiempo serán explicados). Y comencé a dirigirlo de modos que nunca conocí. Primero ponía jetas, luego usaba el sarcasmo, después comencé a pendejear a las personas. Hasta que por fin, una vez, tuve el coraje suficiente para mandar a uno a la chingada. Y como recuerdo ese día, sentí que todas esas mamadas del libre albedrío eran ciertas, que yo podía decidir mi destino (ay no mames), que era el dueño absoluto de mi tiempo y mi espacio. Miré al cielo y me hice una promesa: de aquí pa’lante todos a chingar a su madre. Me ayudas con… No. Oye, tengo problemas con… Me vale madre. Oye fíjate que se me cayó la compu y ando buscando alguien que… Qué feo se siente eso, no. Cambié al lánguido, sonriente y carismático todo-lo-puede por el mamerto, vale-madres, not user friendly, o sea, el culero.

Como dije al principio, todo fue culpa de mi ego. Si en vez de andar de metiche, en asuntos que a mí francamente me debían valer pura verga, me hubiera dedicado no sé a chupar más, a ver más porno (por ejemplo, ahora ya no puedo verlo, siento que pierdo el tiempo, maldita seaaaaa), a ligar más viejas, no sé, a vivir en vez de ayudar, sería otro tipo de persona, no sería el Amargator, no tendría este puto blog y no sentiría que escribo puras pinches quejas. Pero bueno, que sirva esto de lección, para todos aquellos pubertos enclenques que creen que porque tienen su página web ya son muy chingones. Sépanlo, si se vuelven computólogos y ofrecen ayuda se las van a tomar, si se las toman se los van a chingar y si se los chingan ya valieron madre y van a terminar con problemas mentales y de otras índoles. Yo he logrado salirme de esto a tiempo (o eso creo) y las repercusiones parece que son sólo mentales. He de admitir en algunas ocasiones las recompensas fueron geniales (sobre todo aquellas donde ayudé un par de viejas), pero no, esas son las peores, las que peor te tratan. Mejor sean literatos, sean culturosos, hagan carrera política. Ya si de veras les gusta eso de la computación, pos sean hackers. Pero nunca, nunca, nunca, ayuden al prójimo. No conviene.

Sí, estoy Amargado. Por algo se llama Amargator el sitio… pendejo.

2 commins a “el primer post de amargator: Todo por metiche”

  1. Lobo dice:

    Mmmmmta madre, eso explica muchas cosas, por cierto ¿Como le hago para ….? jajaja es bromita.

  2. amargator dice:

    juar juar la gracia, en su caso, puede ser usada en su contra mi buen amigo.

si puede, dígalo con groserías