pessoa
20070307
Poema en lÃnea recta
Nunca conocà a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridÃculo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibà insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrà fui más ridÃculo todavÃa;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentà los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedà prestado y no devolvà nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrà la angustia de las pequeñas cosas ridÃculas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridÃculo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino prÃncipe -todos ellos prÃncipes- en la vida…
¡Ah, quién pudiera oÃr una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardÃa!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil?
¡Oh prÃncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Asà que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridÃculos nunca!-
Y yo que fui ridÃculo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
Fernando Pessoa (1888 – 1935)