de como me convertà en el malo
20061231
A ver, sÃguele…
De cómo me convertà en El Malo
Antes, imagÃname aventando mi discman por la ventana. Espera. Estaba en el 2º. Piso de una casa azul con amarillo, las escaleras estaban por fuera y generalmente habÃa colillas de cigarros en los escalones. No era muy limpio, al menos con mi casa. Estaba hecha un asco. En la sala habÃa 3 sillones, grande, mediano y pequeño. Yo me sentaba en el mediano (el pequeño estaba hundido y al grande se le salÃan los resortes y picaban). El comedor era parte de la sala o la sala era parte del comedor, depende desde qué lado de la casa lo veÃas. Ese último dÃa, dejé en la mesa 2 platos con pollo a la mantequilla (bueno, eso de “a la mantequilla†es un decir, porque en realidad lo cocà con mantequilla por que no habÃa aceite), alrededor de la mesa habÃa 3 sillas; en una estaba mi toalla mojada, en otra mi chamarra y la otra pues estaba del lado de los platos sucios. También habÃa botellas, hojas, mi compu, vasos y cubiertos. Como a 5 pasos de la mesa estaba mi cuarto. La primer puerta a la derecha. Se escuchaba esa canción vieja que salÃa en un comercial de Coca Cola “Si-tu-me-quieres dame-una-sonrisa si-no-me-quieres no-me-hagas-ca-soâ€. Dejé mi grabadora prendida con un disco de varios éxitos juveniles de 197X. Me lo regaló el mismo primo que me dio mi primer disco de Joan Sebastian. En la cama, mis pantalones (andaba sólo en boxers y playera), y en el escritorio, muchas, muchas hojas. lo que sigue »